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Canción de la semana: ‘Destroyer’

2018 febrero 16

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Esas dos personas que ven sentadas en el carrito son guitarristas, aunque nadie podría deducirlo escuchando nuestra canción de la semana. La chica es Raven Mahon, de las californianas Grass Widow, y el chico es Mikey Young, de los australianos Total Control y Eddy Current Suppression Ring. Juntos han formado un dúo transpacífico donde la guitarra pinta mucho menos que en sus proyectos originales: se han bautizado como The Green Child (el nombre viene de la obra de Herbert Read, una novela utópica de hace ochenta años que también inspira las letras) y apuestan por una electrónica retrofuturista que lo mismo puede recordar a Broadcast que a Jane Weaver.

Su debut homónimo me parece estupendo, uno de esos discos en los que cada corte podría servir de base para un álbum entero, porque van explorando distintos enfoques de la melancolía tecnificada. Las dos primeras canciones son seguramente las más vendibles y las que más van a sonar por ahí, pero yo tengo debilidad por las dos últimas: la arrebatada Marie Elene, que es una versión de Keith Pearson, y este Destroyer que cierra el álbum con su ritmillo saltarín y su melodía estelar de teclados y guitarra, capaz de prolongarse en la memoria durante horas.

 

Muere Jóhann Jóhannsson

2018 febrero 11
por Carlos Benito

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Hace unos meses, confeccionando unas playlists, tuve que elegir una canción que me apeteciese escuchar en cualquier estado de ánimo. Era probable que sonase a menudo de manera aleatoria, así que tenía que servirme para todas las situaciones. Y, tras darle muchas vueltas, me quedé con Odi et amo del islandés Jóhann Jóhannsson, una miniatura melancólica de extraño futurismo neoclásico, entre las cuerdas y el vocoder, que abría su primer álbum en solitario. Aquel Englabörn de 2002 me fascinó entonces y me sigue fascinando hoy, con su música hermosa y delicada que envuelve y abraza al oyente y poetiza inmediatamente su entorno. Se convirtió uno de mis discos favoritos de la primera década de este siglo y es uno de los pocos a los que sigo siendo fiel en estos tiempos de sobreabundancia. Así que hoy, cuando la noticia de la muerte de Jóhannsson a los 48 años me ha enturbiado el ánimo nada más levantarme, he pensado que Odi et amo es la canción lógica para despedirme de él.

 

Canción de la semana: ‘Benelux’

2018 febrero 8

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Puede ser simple coincidencia o uno de esos síntomas que revelan tendencias culturales subterráneas, pero el caso es que coinciden en el mercado cuatro recopilaciones dedicadas a explorar un nicho muy concreto de la música española: la electrónica más o menos underground de los 80. Hoy mismo publico en la revista para suscriptores un repaso algo más detallado de las cuatro, pero no quería dejar de mencionarlas por aquí, porque me parecen apasionantes. Dos de ellas pueden resultar más áridas, porque se centran en la escena industrial y experimental, que tanta vitalidad tenía en aquella época del despertar de las máquinas: los paquetitos con casetes viajaban de aquí para allá, tejiendo una densa red de alianzas entre aficionados al ruido doméstico. Crónica técnica, subtitulada ‘industrial & noise from Madrid 1981-1991’ y editada en colaboración por Geometrik Records y Munster, es una selección realizada por Andrés Noarbe, mánager de Esplendor Geométrico y responsable de su sello. En su tracklist aparecen nombres como Orfeón Gagarin, Miguel A. Ruiz, Funeral Souvenir, Uvegraf 10000, Técnica Material o La Otra Cara de Un Jardín. Por su parte, Golpea tu cerebro es un doble vinilo con un libreto de 52 páginas que publica este mes el sello Insane Muzak. Con el subtítulo de ‘Spanish underground cassette culture, 1980-1988’, reúne a clásicos de la escena como Neo Zelanda o Francisco López junto a nombres que a mí me resultan absolutamente ignotos, tales como Bulbo Raquídeo, El Enterrador Enterrado, Físodo 13.4 o Iéximal Jélimite.

Portada de 'La contra ola', con una foto de Miguel TrilloLas otras dos antologías, sin renunciar a la sorpresa minoritaria, exploran lo que aquí solíamos llamar tecnopop, un término comodín que nos ahorraba distinguir entre las distintas tendencias del pop maquinal llegadas del extranjero. El Interferencias vol. 1 de Munster, subtitulado ‘Spanish synth wave 1980-1989’, abarca desde Aviador Dro y La Mode hasta Metropakt o Líneas Aéreas, pasando por Oviformia SCI, Vocoder, WAQ, Diseño Corbusier, Séptimo Sello o nuestros Lavabos Iturriaga. Y desde Suiza llega La contra ola, una ambiciosa panorámica del sello Les Disques Bongo Joe a la que tampoco le falta su subtítulo explicativo (‘synth wave and post punk from Spain 1980-86’). Se abre con el mítico Moscú está helado, de cuando Esplendor Geométrico todavía hacían pop, e incluye temas emblemáticos de Zombies, Derribos Arias o Aviador Dro, pero también músicas mucho menos conocidas que van desde la faceta étnico-industrial de La Fura dels Baus hasta los efímeros Línea Vienesa o De Picnic. Me encanta, por cierto, la portada, con una foto de Miguel Trillo tomada en Rock-Ola en 1981 en la que aparecen Gema, de la banda Cruella de Vil, y su hermana Marta.

Benelux es el tema de Líneas Aéreas que aparece en Interferencias. ¿Quiénes eran estos tipos? Según leo, se trataba de un dúo formado por los catalanes Francisco Palomo y Jordi Guber que solo llegó a editar un sencillo, en 1983: la imagen que encabeza el post y que se repite en el vídeo es un detalle de la ilustración de portada. Yo ni siquiera los conocía, aunque sí tengo un disco de otro proyecto de Guber, Velodrome.

 

De Vangelis a ‘Billie Jean’

2018 febrero 8

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Medio mundo está hablando estos días de la entrevista de Vulture a Quincy Jones, y lo cierto es que lo merece: el veteranísimo músico y productor, a punto de cumplir los 85, se despacha a gusto sobre cuestiones como Marlon Brando («se follaba cualquier cosa, se habría follado un buzón»), John Coltrane (sostiene que todas sus supuestas innovaciones estaban ya en un libro de Nicolas Slonimsky que siempre llevaba consigo), el asesinato de Kennedy (fue cosa del mafioso Sam Giancana y él lo sabe a ciencia cierta) o los Beatles («eran los peores músicos del mundo»). El hombre se ceba especialmente con el bueno de Ringo, un «gran tipo» que se tiró tres horas tratando de grabar un arreglo de batería que, después, un músico de jazz solucionó en quince minutos. «Ringo dijo: ‘Pues no ha quedado tan mal’. Y yo le dije: ‘Claro, cabrón, porque no eres tú’».

Por supuesto, también habla de Michael Jackson, y le acusa de plagiar más o menos descaradamente a todo bicho viviente. Aquí llegamos a lo que más me ha interesado a mí de la entrevista, porque soy así de anormal: como ejemplo de esa propensión de Michael al robo, Quincy Jones comenta que las bases de Billie Jean salen del State Of Independence de Donna Summer. Pero ocurre que ese tema es una versión: el original es de Jon & Vangelis, nada menos, y está incluido en su álbum de 1981 The Friends Of Mr Cairo. El parecido es muy relativo, pero al escucharlo se entiende perfectamente el parentesco que invoca Jones. «Las notas no mienten», argumenta él. Y qué quieren, me ha hecho mucha gracia ese vínculo inesperado entre mi canción favorita de Michael Jackson y un tema de Vangelis y Jon Anderson, a quienes trato de reivindicar siempre que puedo.

 

Canción de la semana: ‘Piedra’

2018 febrero 1
por Carlos Benito

 

Foto: Helena Goñi

Foto: Helena Goñi

 

Comentábamos ayer que hay muchas maneras de hacer post-punk oscuro, por mucho que en los últimos tiempos se haya generalizado la vertiente más punk-popera de bandas como Futuro Terror o Biznaga. Pues bien, hoy tenemos otra de esas posibles aproximaciones a las tinieblas: Serpiente son un trío bilbaíno que elabora una música minimalista y atípica, una especie de pop oculto que lo mismo puede recordar a los Cure de All Cats Are Grey que a ESG o a Penelope Trip, por citar tres nombres que a mí me pasan por la cabeza cuando escucho este Piedra. Las canciones de Serpiente suenan a terrores infantiles, a arañas y espejos, igual que si hubiesen aparecido olvidadas entre muñecas rotas en el fondo de un viejo arcón, y también tienen algo de microcosmos ampliado, como si fuesen un universo muy pequeño que nos saluda a través del microscopio.

A Serpiente (en Bandcamp lo escriben S.E.R.P.I.E.N.T.E., que a mí me gusta mucho, pero creo que no es la intención) resulta fácil pillarlas en directo, porque tocan mucho y en sitios muy distintos. A mí, las dos veces que las he visto en concierto, me había gustado especialmente la obsesiva Ar, para la que han hecho vídeo y todo, pero creo que mi corte favorito de su primer EP es este Piedra, reptante y misterioso, que abre el disco y es también el más largo del lote: dentro de su estilo, cuatro minutos y medio equivalen casi a una suite sinfónica. ¡Vuélvete piedra!

 

Algunos conciertos de febrero

2018 enero 31

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Yo creo que no hay mejor manera de empezar un mes que con conciertos de Lagartija Nick y Futuro Terror, que firmaron mis discos españoles favoritos del año pasado. Así que vamos con alegría a por la selección mensual de ocho citas en ocho salas distintas.

Lagartija Nick (día 2, Stage Live). Esperen que rebusque en mi almacén de superlativos para ver si me falta aplicar alguno a los Lagartija. Qué va, me parece que ya los he usado todos, así que tendré que repetirme: hablamos de uno de los mejores grupos del mundo y acaban de editar un disco de primera, así que acudir a verles debería ser una obligación para cualquier amante del rock. Y, si tocasen tres veces, habría que verlos las tres. «Crimen, sabotaje y creación tiene unas melodías impresionantes y también bastantes frikadas, como a mí me gusta», me describía el otro día el batería Eric. Telonean Anita Parker.

Futuro Terror (día 3, Shake!). También he dicho ya que Precipicio, el disco que anda presentando el trío alicantino (en la foto de arriba), me resulta tremendamente adictivo, hasta el punto de empujarme a obsesivas reproducciones en bucle. Tengo muchísimas ganas de comprobar cómo queda en directo su post-punk heredero de Parálisis y los primeros Gabinete, estructurado en melodías de pegadizo efecto pop. Telonean Aihotz (que, por cierto, tienen una pinta salvaje y estupenda).

Drab Majesty (día 4, Nave 9). Es la exquisitez del mes, un dúo californiano que estiliza la vertiente más delicada del pop oscuro ochentero: piensen en bases deslizantes y melancólicas al estilo de The Cure, fabricadas a partir del jugueteo hipnótico de los teclados y los arpegios de la guitarra, o incluso en estetas como The Durutti Column o Cocteau Twins y sus atmósferas sustentadas en cajas de ritmos. Telonean Unclose y se celebrará en el auditorio del Museo Marítimo

Damon & Naomi y Thalia Zedek (día 8, piso superior del Kafe Antzokia). Más de veinticinco años llevan ya Damon Krukowski y Naomi Yang con su psicodelia reposada y soñadora, que de algún modo prolonga el estilo de la banda madre, Galaxie 500. Y casi veinte años hace ya que Thalia Zedek disolvió Come, el intenso y descarnado grupo de rock por el que es más conocida. Ahora han emprendido esta gira en la que, puntualizan, todos son cabeza de cartel, con un aperitivo en el que cantan juntos a Cohen durante un día de mucho frío.

Diego Vasallo (día 10, Cotton Club). También Diego Vasallo viene de un grupo famoso, ya saben, pero lo cierto es que en su música posterior queda poco rastro de aquella inocencia tarareable de Duncan Dhu. En Baladas para un autorretrato, el disco que presentará junto a su banda, entona con voz áspera letras meditabundas y poéticas, con arreglos que recuerdan inevitablemente al Tom Waits más circense.

Nile y Terrorizer (día 14, Santana 27). Noche atronadora en Santana con dos históricos del metal extremo estadounidense: Nile, con su inspiración en Egipto y Oriente Próximo y sus títulos de demencial longitud (¿qué tal, por ejemplo, Papyrus Containing the Spell to Preserve Its Possessor Against the Attacks From He Who Is in the Water?), y Terrorizer, banda seminal de la escena brutilla californiana que ya estaba disuelta allá por 1988. Por si este plan de San Valentín a caballo entre el death y el grindcore fuese poco, el cartel incluye también a los thrashers griegos Exarsis (bastante más blanditos y propensos a los gritos agudos) y los locales No More Fear.

Biznaga (día 24, Satélite T). Lo cierto es que con Lagartija Nick, Futuro Terror y este concierto de Biznaga, uno puede ponerse al día en tres sesiones sobre lo más interesante del pop nacional. Igual que los alicantinos, estos madrileños forman parte de la pujante oleada que ha revitalizado el post-punk oscuro, lo que siempre se llamó afterpunk, con una perspectiva que subraya la intensidad punk y la melodía pop. La descripción puede parecer obvia, pero en realidad no lo es, porque también había post-punk más lánguido que guitarrero y más ambiental que melódico.

Last Great Dreamers (día 24, La Nube). Ay, la suerte… Basta escuchar un par de minutos a este grupo para darse cuenta de que podrían estar tocando perfectamente en grandes recintos, porque su glam de alegría contagiosa tiene todos los ingredientes en las proporciones necesarias para el éxito. Las cosas apuntaban muy bien, pero se acabó imponiendo la decepción y se disolvieron en 1994. Ahora están de vuelta y lo suyo sigue funcionando, así que habrá que sacar partido de su mala suerte y disfrutarlos en las distancias cortísimas de La Nube.

Vámonos con Drab Majesty en el Museo Internacional de Ciencia Quirúrgica de Chicago, nada menos. Frente a eso, el Marítimo puede parecer hasta normal.

 

Tralleros e intelectuales

2018 enero 30
por Carlos Benito

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El otro día entrevisté a Eric Jiménez con ocasión de los conciertos de Lagartija Nick en Vitoria (el sábado pasado) y Bilbao (el viernes que viene), que también van a servirle para hacer un par de firmas de su autobiografía (lo tienen a las 18.30 horas del viernes en la Elkar de Iparraguirre). Ya saben que el libro de marras, Cuatro millones de golpes, no solo repasa su carrera musical como batería de Lagartija y Los Planetas, y antes de eso de KGB, sino que cuenta con pelos y señales una vida atípica y anómala, repleta de detalles curiosos (se metió a la Falange con 10 años para tocar el tambor en la banda, se casó a los 16…) y de excesos temerarios (lo de Lagartija deteniendo la furgoneta en los pasos a nivel, para fumarse un porro encima de las vías, me ha parecido particularmente demencial). Como suele ocurrir en las entrevistas para el periódico de papel, me vi obligado a cercenar unas cuantas respuestas por razones de espacio, y entre ellas hay una que quiero repescar por aquí, porque me hace mucha gracia y, además, trata una cuestión que me obsesiona desde hace tiempo.

Le iba a preguntar yo a Eric por la injusticia que, a mi juicio, se comete con Lagartija Nick, que merecen una relevancia mucho mayor que la que se les suele reconocer. Ni siquiera tuve que terminar la pregunta: «Con Lagartija se comete una injusticia total. La mayoría de la gente los conoce por Omega, del que no digo nada malo, pero es que hablamos de una banda que suena como las que se veían en los 70 en el CBGB. Lo que pasa es que en España somos muy catetos. Cuando Lagartija Nick empezó a hacer música trallera, a los tralleros no les gustó porque las letras eran intelectuales. ‘Aquí no habla de la Policía, suena bien pero no mola porque no lo entiendo’, decían. Y, para los que entendían las letras, la música era ruido. En vez de sumar públicos, se quedaba en tierra de nadie. Ahora es un grupo de culto, respetado porque tiene un gran directo, y también porque algunos intelectuales han asumido la distorsión y algunos alternativos han aprendido a leer».

Canción de la semana: ‘Bed & Breakfast’

2018 enero 26
por Carlos Benito

deaf-schoolMe da un poco de vergüenza esto que les voy a contar: Deaf School se formaron en Liverpool allá por 1973 y en los cinco años siguientes grabaron tres álbumes, al parecer bastante influyentes, pero yo no creo haber escuchado nada de ellos hasta ahora. Y eso que de la banda salió el guitarrista Clive Langer, que ha producido unos cuantos discos que tengo por casa (de The Teardrop Explodes a Morrissey, pasando por buena parte de la producción de Madness), y también la vocalista Bette Bright, con una carrera repleta de colaboraciones interesantes y, además, esposa de Suggs. La Wikipedia incluso cita al fundador de la revista Mojo, que sostiene que «en toda la historia de Liverpool hay dos bandas especialmente importantes, los Beatles y Deaf School». Glups.

Nuestros protagonistas se han juntado varias veces desde finales de los 70 y ahora mismo acaban de lanzar un disco en el que aparece representada su faceta más artie y teatral, pero también canciones tan directas e irresistibles como este Bed & Breakfast, que nos hace sonreír como si hubiésemos viajado a otros tiempos del rock británico, quizá más ingenuos, quizá más satisfactorios.

 

Muere Mark E. Smith, de The Fall

2018 enero 24
por Carlos Benito

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Mark E. Smith era una especie de ser mitológico, una bestia rabiosa y testaruda que parecía haber renunciado voluntariamente a los tontos compromisos de la humanidad. La carrera de su grupo, The Fall, se convirtió en una de las más singulares de la historia de la música popular: a lo largo de cuarenta años, Smith se las ha arreglado para sacar adelante su particular visión del rock, concretada en un sonido obcecado y anómalo que resultó ser una fuente continua de hallazgos. Las canciones de The Fall, que lo mismo beben del rockabilly que del Krautrock, suelen caracterizarse por unas bases repetitivas y cerriles, con cierta apariencia de inacabadas, sobre las que el airado Smith vocifera versos incomprensibles con entonación decididamente amusical. “Siempre diferentes, siempre iguales”, como los describía su admirador John Peel. A cualquier otro, esos condicionantes estilísticos le habrían dejado sin ideas al cabo de un disco o dos, pero el malencarado vocalista de Salford supo sacarles partido en más de treinta álbumes de estudio y en incontables directos y recopilaciones más o menos cogidas con alfileres. Bien es verdad que siempre dominó el difícil arte de cambiar de músicos sin que le temblase el pulso, hasta dejar por el camino decenas de exmiembros de The Fall.

Porque Mark tampoco parecía del todo humano en lo extramusical: era el padre de todos los cascarrabias, el gran capullo del fondo del pub, un tipo hosco, desabrido hasta la agresividad, tan borde que resultaba entrañable siempre que no lo tuvieses demasiado cerca. Otros artistas iban dulcificando su sonido y su carácter con el tiempo, pero él se mantenía esquinado y enfrentado al mundo, despótico y cáustico. Sus fans lo querían (lo queríamos) así, como un referente inconmovible que dejase en evidencia, por puro contraste, todas las bobadas de este mundillo de vanidades. Esta noche se ha confirmado su muerte, con 60 años, y es como si se hubiese muerto un género entero.

Vamos a despedirlo con mi canción favorita de The Fall, pero, si se quedan con las ganas, tienen más aquí o aquí.

 

Canción de la semana: ‘Lines and Shadows’

2018 enero 19

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Nuestra canción de esta semana se lanzó hace ya siete meses, pero está incluida en un álbum que salió en septiembre y la firma un grupo que toca en Bilbao la semana que viene, así que, si se considera el asunto con talante comprensivo, se puede disculpar e incluso relativizar la inactualidad. La banda de marras es The Surfing Magazines, un «supergrupo de rock garajero» que amalgama miembros de The Wave Pictures y Slow Club y cita como influencias principales a Bob Dylan, The Velvet Underground y los instrumentales surf de los 60. Ya comenté en la selección de conciertos del mes que, a mí, esa ecuación me parece incompleta e imprecisa, porque no llego a pillar claramente ninguno de esos ingredientes en su sonido (bueno, sí, algún pasaje surfero hay) y, en cambio, veo referencias insoslayables que ahí no aparecen: hay dos temas, y aquí vuelvo a repetirme, que recuperan sin complejos ni subterfugios el sonido de Neil Young y Crazy Horse en Everybody Knows This Is Nowhere, su álbum de 1969. Y no seré yo quien se queje del calco, porque se trata de uno de mis diez o veinte discos favoritos de toda la historia y The Surfing Magazines aprovechan muy bien las posibilidades que ofrece la peculiar estructura de sus canciones. En directo podrían hacer maravillas con temas como esos, así que vuelvo a recomendar desde aquí el concierto del miércoles en la sala pequeña del Antzoki.

Pero, ya ven qué cosas, no he escogido ninguno de esos dos cortes neilyoungeros, sino el sencillo que sirvió como adelanto del álbum a finales de la pasada primavera. Se titula Lines And Shadows y arranca de manera contenida, con una calma engañosa que te hace esperar la explosión, pero no te prepara para la manera en la que se va a producir esa liberación de energía: a los tres minutos y medio, la cosa se va poniendo turbulenta e incómoda, para desembocar a partir de los cuatro en un desenlace de saxo disonante que evoca a los Stooges del Fun House. Y tampoco seré yo quien se queje de eso, porque ese también está entre mis cinco o diez discos favoritos de toda la historia. Para el vídeo han usado un versión sin saxo, con final guitarrero, que también está bien pero me deja menos satisfecho.

 

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